viaje-jardindeamor-2017
21
Jul

Un viaje a la Antigua

Amanece en Madrid. Es un día distinto a los demás, algo nuevo se intuye en el ambiente. Me levanto de la cama y, tras ducharme, vestirme y desayunar, hago un último repaso de todo el equipaje que voy a llevar para comprobar que no me dejo nada. Echo un último vistazo a mi habitación, salgo de casa y me monto en el coche que me llevará al aeropuerto. Sí, es un día distinto a los demás. Porque hoy inicia una aventura para la que llevo meses preparándome. Hoy comienza un apasionante mes de voluntariado en Guatemala con Jardín de Amor.

En el trayecto al aeropuerto con mis padres no pueden faltar los consejos de última hora y los repasos mentales para comprobar (por enésima vez) que no me dejo nada importante en casa. Llego al aeropuerto y busco los mostradores donde vamos a facturar las maletas. Me reúno con los compañeros que ya habían llegado y vamos facturando el equipaje mientras llega algún que otro rezagado (o rezagada) al que se le pegaron las sábanas. Por fin nos reunimos todos y, una vez los enormes maletones ya han entrado en un laberinto de cintas en dirección al avión, nos despedimos de nuestros seres queridos y pasamos el control de seguridad, no sin algún que otro contratiempo por culpa de ciertos botes de alguien que superaban (y con creces) los 100 ml permitidos.

El tiempo empieza a apretar y los nervios suben, pero por fin nos reunimos todos pasado el control, somos un grupo de 9 jóvenes, Paula, Alicia, Jaime, Pedro, Diego, Marina, otro Jaime, Rafa y yo, Nacho. En unos días se incorporarán Elisa y Lourdes, y ya estaremos el equipo de julio de Jardín de Amor España al completo. Nos dirigimos a la puerta de embarque, a la que llegamos a tiempo y sin prisas.

A partir de aquí comienza la parte menos entretenida del viaje. 9 horas y 40 minutos de vuelo para cruzar el vasto océano Atlántico, aunque por suerte no nos faltaron refrigerios y aperitivos durante el mismo. Aterrizamos en el inmenso aeropuerto de Atlanta, donde haríamos escala unas 3 horas después con el vuelo que nos llevaría a Ciudad de Guatemala. Por suerte el vuelo fue en hora y no tuvimos problema con la conexión. El segundo vuelo fue más corto, de unas 3 horas y media, pero el cansancio y el cambio horario empezaban ya a hacer mella en nuestras energías. Aterrizamos en hora en el aeropuerto internacional de La Aurora, a eso de las 20 horas tiempo local.

Tras recuperar todas nuestras maletas facturadas, salimos de la terminal y tuvo lugar entonces uno de los encuentros más esperados del viaje. Julio, el director de JDA, nos estaba esperando. Nos recibió con mucha alegría y una sonrisa imborrable, especialmente cuando se fundió en un abrazo con Rafa y Diego, antiguos voluntarios y grandes amigos suyos. Ya reunidos nos dirigimos al aparcamiento, donde nos esperaba Víctor, colaborador de la asociación, con una gran furgoneta en la que entramos todos sin problema (salvo Rafa, que fue con Julio en su todoterreno).

El trayecto hasta la Antigua Guatemala duró en torno a una hora. Llegamos por fin a la preciosa ciudad colonial que nos acogería durante todo el siguiente mes, ya bien entrada la noche (en torno a las 22h). Tras parar en la Plaza Central para que Julio, el director de la escuela y ONG Jardín de Amor nos diese la bienvenida oficial, nos dirigimos al hostal donde nos alojamos durante toda nuestra estancia, la Casa de don Elder y doña Marina. Agotados después de unas 18h de viaje y un “jet lag” de 8 horas de diferencia, cenamos unos bocatas que nos habían preparado nuestros amables anfitriones y nos fuimos a dormir. Aún no nos hacíamos a la idea, pero estábamos ya en Guatemala, a unos 8.700km de casa. Nuestra aventura acababa de comenzar.

Nacho Vargas-Zúñiga

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