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11
Ago

Un choque con la realidad

Después de dos años Jaime y yo volvemos a Jardín de Amor.

Una mañana llena de nervios por volver a ver aquello que nos dio tanto en el verano del 2015. Y allí estábamos de nuevo, en Santa María de Jesús. Las calles de piedra, las viejas casas de chapa o de ladrillo, los perros callejeros, las mujeres vestidas con el huipil cocinando tortas en la puerta de las casas… parecía que no había pasado el tiempo. Una mezcla de sensaciones y recuerdos nos inundaban la cabeza.

Santa María de Jesús

Santa María de Jesús

Pero quién lo diría… después de esperarlo tanto estábamos por fin en frente de la escuela. Abrimos la puerta y un montón de niños chillaron “¡¡BIENVENIDOS A JARDÍN DE AMOR!!”. Caía confeti desde la planta de arriba y de fondo sonaba la famosa canción de JDA “Arriba la vida”. Casi sin darnos cuenta, un montón de niños se abalanzaron sobre nosotros, abrazándonos y sonriendo sin parar. Allí estuvimos casi una hora bailando, corriendo, jugando y haciendo guerras de cosquillas. Sin duda volvíamos a sentir ese estado de felicidad absoluta. Creo que es muy difícil explicar cómo te llegas a sentir en ese momento, cómo pueden unos niños que tienen tan poco desprender tanto.

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Pero desgraciadamente no todo fue felicidad ese día. Después de ese momento mágico, cuando todos volvieron a sus clases, pensamos en todos los niños que conocimos el verano de 2015 y nos dimos cuenta de que muchos ya no estaban. Enseguida preguntamos a Julio “¿Dónde están Rodolfo, Henry, Luisa, Manuel, Petronila, Edwin…?” y la triste respuesta fue: “Abandonaron la escuela”.

Por desgracia, en Santa María de Jesús sigue siendo más importante que los niños trabajen en el campo a que reciban una educación, y es por esto por lo que sus padres permiten que abandonen la escuela.

Afortunadamente, en Jardín de Amor se trabaja de primera mano con las familias para que entiendan que, con una buena educación, sus hijos podrán construir un mejor futuro, tanto para ellos como para su país.

Ojalá algún día consigamos cambiar esta realidad.

Laura Berjón

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