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26
Jul

Trabajando por un tubo

Lo recuerdo como si fuera ayer. Una masa de niños sonrientes abalanzándose sobre nosotros al grito de “¡Bienvenidos!”. Las siguientes dos horas jugando con ellos en el lugar que consideran el mejor del mundo, donde pueden ser niños: el patio de la escuela. En realidad, no era más que mucha tierra y un poco de cemento, y encima teníamos que cargárnoslo. Nuestro objetivo era levantar el suelo para descubrir la tubería principal, para luego inclinarla apenas 5 cm…

Empezamos por la parte de tierra. Era tierra blanda, fácil de mover y ni siquiera teníamos que desplazar la que sacábamos. En apenas día y medio de trabajo ya habíamos descubierto toda la zona de tierra, no sin algún problema que otro. Aproximadamente a las 4 horas de trabajo, en uno de los golpes del pico (al cual he descubierto ser muy aficionado) se escuchó un sonido que no presagiaba nada bueno, y efectivamente habíamos roto una de las bajantes del baño, aunque gracias a Dios era una de las antiguas, por lo que no hubo ningún problema.

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La siguiente semana fue más complicada. Primero porque la tubería estaba cubierta de una capa de cemento que había que romper. Fue divertido, pero no sencillo. En segundo lugar, porque, como descubriríamos más tarde, debajo de esa capa de cemento había un entramado de tuberías sin sentido alguno, o al menos nuestras jóvenes mentes no conseguían discernir patrones en su distribución. En tercer lugar, porque esta nueva zanja dividía la escuela en dos. Las salidas de las clases daban a ella, por lo que no podíamos acumular la tierra ahí mismo, sino que teníamos que llevarla con carretillas al fondo de la escuela, haciendo el proceso mucho más lento. Por último, en esta zona, el patio estaba más alto, así que tuvimos que cavar prácticamente el doble.

Seguramente lo más divertido de esta parte de la obra fue lo que nosotros llamábamos “¿Dónde está Wally?”. Pongámonos en situación: lo primero que encontrábamos era una capa de unos 20 o 30 cm de cemento. A continuación, una capa del mismo grosor de tierra dura como la piedra, e inmediatamente debajo una tubería, o no. Esa era la gran incertidumbre: ¿habrá una tubería?

En este juego tuvimos unos cuantos ganadores, entre los cuales yo me incluyo, pero por suerte no encontramos ningún Wally importante. Esta tarea nos llevó aproximadamente otra semana de trabajo y, cuando acabamos, nos habíamos cargado toda la escuela.

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A partir de este momento, y una vez el albañil había hecho su trabajo cambiando la inclinación, comenzamos con la tarea más sencilla pero también la más tediosa. Nos tocaba arreglar aquello que habíamos roto, volver a tapar la zanja con la tierra que habíamos acumulado y con una pequeña ayuda del huerto. Como dijo nuestro sabio amigo Danny, un robusto granjero de Misisipi que trabajaba como tres de nosotros y que es colaborador desde hace años de la escuela, no se puede tapar un hoyo sin crear otro.

Efectivamente, parecemos destinados a destruir parte de la escuela, para poder completar su construcción y que el patio esté plenamente acondicionado.

Jaime Andrés

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