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20
Ago

Un encuentro con Carolina

Los que llevamos unos años viniendo a JDA tenemos la costumbre de buscar caras familiares entre los alumnos de la escuela. Muchas veces encuentras a alumnos conocidos, como William, Melvin, Antonia, Santos, Mirna u Óscar. Todos ellos tienen la suerte de poder seguir curso tras curso en la escuela gracias a que tienen unos padres que se pueden permitir no tener un hijo en el “campo” y a la vez valoran la educación que reciben sus hijos. 

Pero muchas veces no encuentras el alumno que buscabas y al preguntar porqué no sueles encontrar respuestas claras. Con frecuencia cometes el error de preguntar si se ha mudado a otra aldea, o si se ha cambiado de colegio. Son, probablemente, los motivos por los que nosotros hemos dejado nuestra escuela en algún momento de nuestra infancia. Pero en Santa María no suele ser por eso, menos aún en el caso de estos chavales, a los que JDA abre sus puertas gratuitamente. 

Os cuento todo esto porque este año me ocurrió esto mismo con Carolina, una de las alumnas de JDA con la que más relación he tenido estos años. Carolina es una chica que ahora tiene 13 años (si no me equivoco es del 2002) y, a parte de ser de las mejores de la clase, es aplicada, cariñosa, risueña y alegre. Fue además una de las alumnas más agradecidas conmigo. Todavía guardo en casa varios dibujos con su nombre, un dibujo muy simplón y un “gracias profe” escrito con letras desiguales.

Este año Carolina formaba parte de ese grupo de alumnos desaparecidos. Sus amigas me decían que estaba bien y yo, con el ajetreo de estos días, me conformé con sus respuestas. Una menos, ¿que más da?

Pues bien, mientras hoy esperaba a Julio en la plaza de Santa María, dónde las niñas y mujeres del pueblo hacen la colada, he oído a alguien decir mi nombre. Al darme la vuelta veo tres niñas, entre las cuales está Carolina y una mujer mayor, llamada Dolores, que resulta ser su madre. Emocionado por volver a verla y porque me haya reconocido, le hago las típicas preguntas para saber qué tal está pero me voy dando cuenta de que Carolina no se siente muy cómoda con mis preguntas, la noto más tímida de lo habitual, incluso avergonzada. De hecho, suele ser Dolores quien me responde, explicándome que su hija ya no viene a la escuela porque los demás niños se reían de unas manchas de nacimiento que tiene en la espalda. Al ver que su respuesta no me convencía, Dolores trata de calmarme diciéndome que Carolina ya sabe leer un poco y que también sabe sumar y restar.

La verdad es que la conversación no fue mucho más allá. En parte porque veía que Carolina no estaba disfrutando del momento y en parte porque las respuestas de su madre me estaban frustrando. Así que me despido con un abrazo y me marcho a la escuela.

Lo que ha venido después ha sido un día más en la escuela, duro y gratificante a la vez. Pero no dejo de pensar en mi encuentro con Carolina. Es complicado aceptar que una niña de 13 años se tenga que resignar a pasar una vida lavando ropa en la plaza.

Supongo que situaciones como estas son las que hacen que tantas personas en el mundo dediquen su vida a mejorar la de otras pero está claro que queda mucho por hacer, mucho por cambiar. De hecho, este tipo de historias han motivado a este grupo a venir este año. 18 jóvenes, unos de El Patio y otros no, que han decidido dedicar su mes de agosto para intentar aportar un poco de luz en la pequeña Santa María.

Es una lástima que nuestra labor afecte a un centenar de chavales, y que de hecho, nuestra presencia aquí se convierta en anecdótica si la comparas con los otros 11 meses en los que apenas hay voluntarios en la escuela. Pero, siendo esto cierto, no creo que sirva de mucho acabar esta entrada con un pensamiento negativo. Claro que queda mucho por hacer, pero hoy como decía aquel “se hace camino al andar”. Por eso, quería irme a la cama dando las gracias.

Gracias a todos los que habéis ayudado este año a que JDA siga siendo una casa en construcción.

Gracias también a los que contribuyen en otros “JDAs”, porque oasis como este hacen falta en todo los continentes.

Y, por último, gracias a los 18 que hemos venido. Me encanta ver nuestras caras de satisfacción después de limpiar el huerto, construir la valla o dar una clase de matemáticas. Son el reflejo del empeño y el cariño con los que se están haciendo las cosas este año.

Espero que con esta entrada todos hayamos tenido un encuentro con Carolina y que así entre todos busquemos soluciones para este problema, que día a día afecta a tantas personas en el mundo.

¡Buenas noches a todos y un fuerte abrazo del equipo de JDA!

 

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