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19
Sep

Esto se acaba…

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo cuando estás disfrutando de lo que haces.

Estos días han sido increíbles -no quiero decir que antes no lo fueran (muchos besos y abrazos para los que han formado parte de mi equipo JDA en Agosto, que me leerán desde Madrid)-. He disfrutado especialmente porque he podido trabajar con los niños y las seños desde la psicología. He estado haciendo sesiones de primera entrevista con los niños que más dificultades tienen en relación a su núcleo familiar, comportamiento en el aula y rendimiento académico. A través de talleres y dinámicas nos hemos podido conocer un poquito más y ha sido un gusto poder aprender de la fortaleza que tienen con tan solo 8 o 10 años.

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A las seños les he preparado un dossier explicativo para que puedan continuar con este tipo de actividades, pues ofrecen un mejor conocimiento de la situación del niño, y ayudan a crear lazos relacionales mucho más fuertes, con confianza, sinceridad y cercanía.

El resto del tiempo lo he pasado como uno más de la familia de Julio, nuestro querido director, que me ha acogido con los brazos abiertos en su casa. Hemos hecho recados, mandado e-mails a diferentes organizaciones, trabajado en la parte logística del proyecto y visto las líneas de futuro con las que empezaremos a trabajar nada más llegar a España.

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También he aprovechado para pasar tiempo con Don Elder y Doña Marina, nuestros anfitriones, que me han presentado a toda su familia y me han acogido como a su propio nieto.
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Por las tardes y fines de semana he conocido a mucha gente, cooperantes, personas maravillosas que al igual que nosotros trabajan duro para cambiar este tipo de realidades desde Alemania, Canadá, México, El Salvador, Argentina, de la propia Guatemala, y de varias partes de España.
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Me queda poco tiempo aquí y solo puedo sentirme agradecido y apenado por tener que volver. Es impresionante lo mucho que sirve nuestra ayuda aquí y lo rápido que se ven los cambios y las mejoras. Aún queda mucho por hacer y es por eso por lo que da pena irse, porque todos querríamos seguir y seguir ayudando.

Pero toca volver a nuestra realidad, a la de Occidente. Sin duda alguna el choque de realidades va a ser muy fuerte y por supuesto va a ser duro pensar en que todos los niños y niñas de Jardín de Amor, así como los de Santa María de Jesús, demás pueblos indígenas de Guatemala y del mundo, seguirán viviendo con tanta dificultad.

Tenemos las pilas más que recargadas para volver a empezar a trabajar desde España y volver aquí lo antes posible para hacer que todo esto siga creciendo. Ha sido todo un gusto compartir esta experiencia con tanta gente a la que querer.

Jaime Araque.

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